“¡¡Un palo!!, ¡¡un palo!!” ¿Quién no se acuerda del famoso anuncio de la bebida Limón y Nada en el que un niño abre emocionado sus regalos de Navidad y el que más le gusta es un simple palo?

O ¿a quién no le ha pasado que después de gastarse un dineral en la muñeca o el spiderman de turno, al niño le guste mucho más la caja que el propio contenido? Todos conocemos un caso similar que normalmente nos lleva a preguntarnos el por qué de estos comportamientos o reacciones. Aquí vamos a tratar de analizar a grandes rasgos las ventajas del que a partir de ahora vamos a llamar el material natural. Y lo haremos teniendo en cuenta algo muy importante, que los niños pequeños investigan y asientan las bases de sus primeros conocimientos a través del juego. Por lo que todos los ejemplos que usaré estarán relacionados con juguetes y su uso.

¿Qué es el material natural?

El material natural es todo aquel que podemos encontrar en nuestro entorno más próximo y que de alguna manera no ha sido digamos “fabricado”. Y no se limita sólo al palo con el que empezábamos a hablar, o a una piedra que nos encontramos en la calle o el jardín de casa. Existe una variedad mucho más amplia de la que nos imaginamos a simple vista: piñas, hojas de los árboles, tierra y arena, troncos de madera, conchas de la playa, etc.

Por otra parte nos encontramos con el que vamos a llamar el material estructurado. Que es aquel que está diseñado y fabricado para cumplir una función específica. Por ejemplo, toda la gama de juguetes. Desde un coche de carreras, una muñeca o una pelota y un largo etcétera. Y no digamos ya las consolas u otros juegos electrónicos…

Materiales naturales y materiales estructurados - Ciao Pescao

¿Qué ventajas nos ofrece el material natural frente al material estructurado?

Para empezar el material natural está mucho más al alcance de nuestras manos. ¿Quién no tiene acceso a cualquiera de los ejemplos que antes he mencionado? Vale, quizá no todos vivamos en la costa donde recoger conchas con nuestros hijos sea una alternativa. Pero sí que nos podemos hacer con cualquiera de los otros objetos.

Además, siendo realistas, es infinitamente más barato que el material estructurado. Y no está la cosa para tirar cohetes.

Libro No es una caja, de Antoinette Portis - Ciao Pescao

Portada del libro “No es una caja”

Pero quizá más importante que la disponibilidad y el precio, es que el material natural no limita la acción y el juego que el niño pueda hacer con él. Es decir, no coarta la imaginación. Por ejemplo, un coche va a ser siempre un coche. Podrá ir por suelo o agua, pero nunca será un barco. Mientras que un palo puede ser una escoba, una espada, un avión, y mil cosas distintas que los más pequeños pueden imaginar. Porque no nos engañemos, todos somos conscientes de que los niños pequeños tienen una imaginación mucho más potente que cualquier adulto que ya ha sido limitado por todas las imágenes estereotipadas y clichés que nos rodean. Esto lo podemos ver claramente en el cuento No es una caja” de Antoinette Portis, ed. Kalandraka. En él, el pequeño conejo que protagoniza la historia le demuestra a una voz en off, un adulto, claro, que con lo que juega no es simplemente una caja, sino que es todo aquello que le permite que sea su ilimitada imaginación. Un robot, una montaña o un cohete espacial.

Pero es que además, manipular, investigar y jugar con distintos materiales naturales nos aportan un gran conocimiento, no sólo de nuestro entorno, sino también de las reglas con las que funciona todo. Siempre me acuerdo de una profesora que tuve en la universidad. Una vez nos dijo que la primera clase de física que habíamos tenido probablemente la experimentásemos cuando apenas teníamos uno o dos años. Tirando piedras. Ahí es cuando por primera vez un niño experimenta con el peso, la fuerza, la velocidad, ¡la ley de la gravedad! Y si no, los experimentos con la masa y el volumen de las cosas. Si nos fijamos bien un juego que hacen mucho los pequeños es el de pasar de un recipiente a otro determinado material, como la arena o el agua. Poneros en la piel de uno de ellos, seguro que se os ocurren preguntas como: ¿esto cabe aquí?, o ¿dónde hay más, aquí o aquí? Simple y pura física, fascinante, ¿verdad?

Niña jugando en la playa con piedras y arena - Ciao Pescao

Podríamos hablar también del desarrollo lógico matemático a través de las clasificaciones o del juego de las construcciones (sí, se puede hacer una torre con, por ejemplo, piedras) Pero tendría tanto de qué hablar que seguro que hoy os aburriría. Hablaremos de ello más adelante, en otro post.

Conclusiones sobre el material natural

Que sirva como conclusión una simple reflexión. Abramos las puertas de casa, dejemos que los niños salgan al parque, llevémoslos a dar un paseo a la montaña. Que tiren piedras, cojan palos y hagan fuertes, que se mojen jugando con el agua, que recojan conchas para hacer colecciones o lo que se les ocurra. Esas primeras exploraciones no sólo les dirán qué características tienen esos materiales (cuánto pesan, si huelen, a qué saben…) sino que les servirá para conocer el mundo que les rodea. Porque para poder desenvolvernos y darle un determinado uso a cualquier cosa, primero tenemos que conocerlo, explorarlo e investigar qué posibilidades nos ofrece.

Para un futuro, no sé si lejano o no, aún no he experimentado con el tiempo, os hablaré del material reciclado y qué podemos hacer con él a modo de juegos y juguetes.

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